
Existe una idea errónea de creer que el calendario Juliano es un calendario basado en ocurrencias de los gobernantes de la época anterior a la era cristiana. Nada más falso.
El calendario Juliano es un almanaque basado en los conocimientos astronómicos de los antiguos egipcios. En aquellas épocas se tenía al solsticio de invierno como el inicio de los días de un año pero como los años se computaban en secuencias de 365 días completos pues había un desfase de un año cada 1460 de ellos. Ese gran ciclo de desfase al que se tenía que agregar un año completo se le llamó el gran año sótico.
Cuando Julio Cesar visitó Egipto al lado de Cleopatra los sabios de esta antigua cultura, entre ellos el más famoso Sosígenes, le sugirieron a Julio Cesar modificar la fecha de inicio de los años pues su calendario ya estaba atrasado por 445 días, 365 día más 80 días. Los 80 días es la distancia que hay entre el primero de enero y el 21 de marzo.
En el año 325 estas dos fechas, el primero de enero y el 21 de marzo quedaron con un enorme significado para el mundo cristiano, ya que por una parte la primera fecha quedó establecida como la que daría inicio de la era cristiana y la segunda como la muerte y resurrección de Cristo, la Pascua de resurrección. Con el ajuste de los 445 días hubo un tiempo en el que los años comenzaron en el equinoccio de primavera.
Antes de que se hiciera el corrimiento de 445 días se debe suponer que la primavera en el calendario romano caía en el 1 de enero.
En 1582 se “jalaron” 10 días, al 4 de octubre le siguió el 15 de octubre, Esa reforma fue la Gregoriana y se modificó el calendario Juliano.
Pues algo parecido ocurrió antes de la era cristiana con el “corrimiento” de 445 días al calendario romano. El 1 de enero paso a ser el 21 de marzo que era justamente la fecha del equinoccio de primavera. En la historia no queda claro si el inicio del antiguo año romano estaba en el solsticio de invierno o en el 1 de enero. Sea cual fuere el dato correcto son significativos.
Existe un dato poco conocido y es que los romanos llevaban un antiguo calendario lunisolar y este estaba compuesto por 12 meses lunares que daban un total de 354 días a los cuales se les agregaban 11 días mas para completar el ciclo solar. Cuando se hace la reforma de aumentar 445 días esto da por consecuencia una suma de 354 días mas 91 días.
Si se tomó como referencia el solsticio de invierno, 21 de diciembre y los 11 días que para los romanos era el tiempo dedicado a las saturnales o inicios de los años tenemos que a partir de esa fecha hay una distancia de 91 días hasta llegar al equinoccio de primavera. O sea que las saturnales pudieron haber comenzado en el solsticio de invierno, 21 de diciembre, y con el ajuste esta fecha se movió al 21 de marzo o sea al equinoccio de primavera.
O sea que el 1 de enero se desplazó al 21 de marzo o el 21 de diciembre, asociado al famoso Sol Invicto de los romanos, se desplazó al 21 de marzo. De las dos maneras es elocuente el significado.
Los romanos no dejaron de conmemorar esta dos fechas la antigua asociada a las saturnales, once días después del solsticio de invierno o sea en el 1 de enero y la fecha de la resurrección de Cristo retomada 325 años después de su crucifixión como un acto que reconocía la magnitud de este acontecimiento que políticamente le ayudo a Constantino a recomponer el imperio y de paso reconciliarse con los griegos de la iglesia ortodoxa.
Una vez realizado el ajuste propuesto por el egipcio Sosígenes las fiestas Saturnales volvieron a realizarse durante los primeros once días de enero. Curiosamente el Primero de enero del año Uno resultó ser sábado, el día dedicado a Saturno, el antiguo Chronos griego, la deidad del tiempo, el Dios principal del panteón griego que los romanos lo asimilaron como Saturno. En el idioma inglés es mas evidente su etimología “Saturday”, el día de dicado a Saturno.
Este 2022 el año nuevo vuelve a comenzar en un día sábado, curiosa coincidencia.
Concluyendo, lo que quería resaltar en este escrito es que en un tiempo el Primero de Enero correspondió a la primavera o bien al solsticio de invierno. Dos fechas eminentemente astronómicas que no fueron obtenidas al arbitrio u ocurrencia de los antiguos pueblos del Mediterráneo.
Raúl González Cortés 2021.








































